¨Para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino¨

Desde la Federacion Universitaria Argentina vemos con preocupación el proyecto oficialista de arancelamiento parcial de la universidad para aquellos estudiantes provenientes de países extranjeros. A casi 100 años de la reforma universitaria tendríamos que estar pensando como hacer una universidad más inclusiva y de calidad y no intentando ver como la restringimos.

Recibir extranjeros en nuestras aulas universitarias tiene una relevancia estratégica incalculable que como país no podemos desaprovechar, ya que ahí se forman aquellos profesionales que luego serán los referentes sociales de sus sociedades. También, ese 3% de estudiantes extranjeros, le aportan a la universidad una diversidad cultural que alimenta el pluralismo de nuestras casas de altos estudios, lo que enriquece la enseñanza, la investigación y la extensión. Además, los estudiantes extranjeros, como cualquier ciudadano, paga los impuestos y gastan sus ingresos durante su estadía en nuestro país. No hay extranjeros con residencia transitoria en nuestras aulas, ya que para progresar en una carrera de grado debe asentarse por 5 años, por lo menos, para cursar.

Están claros los puntos positivos de recibir extranjeros en nuestras aulas, pero lo que aquí se oculta son los motivos de los que quieren avanzar con el arancelamiento. Hay sectores que desde siempre se opusieron a la universidad reformista: publica, laica, gratuita y con acceso irrestricto. Esta universidad que hizo punta de lanza en el desarrollo nacional, que formó a los 5 premios Nobel de nuestro país y que fue uno de los principales engranajes del asenso social ha molestado a lo largo de la historia a sectores minoritarios pero poderosos. Hoy encuentran, mediante el recurso de la xenofobia una forma de avanzar contra esa universidad inclusiva y democrática.

No hay duda que el sistema educativo en general y la universidad argentina en particular se debe muchos debates. Lejos estamos de tener la mejor educación que podemos construir. Pero el camino no es hacia atrás. Nuestra universidad puede ser la vanguardia del desarrollo nacional y de la integración continental que tanto necesitamos.